Cómo saber la porosidad y el grosor de tu cabello (y elegir mejor tus productos)

Cómo saber la porosidad y el grosor de tu cabello (y elegir mejor tus productos)

Hay una pregunta que se repite muchísimo en el mundo curly: por qué a otra persona un producto le funciona de maravilla y a ti, en cambio, te deja el pelo pesado, sin forma o sin el resultado que esperabas.

Muchas veces la respuesta no está en que el producto sea bueno o malo. Está en que no estaba pensado para las necesidades reales de tu cabello.

Y ahí entran dos conceptos que cambian por completo la forma de entender tu rutina: la porosidad y el grosor. Conocerlos no es volverse técnica ni complicarse más la vida. Es justo lo contrario: entender mejor tu pelo para dejar de probar a ciegas.

La porosidad no es una etiqueta, es una pista sobre el estado de tu cabello

Se habla mucho de porosidad como si fuera una categoría cerrada, pero en la práctica suele estar muy relacionada con el estado de la fibra capilar. Cuanto más dañado está el cabello, más abierta suele estar la cutícula y más fácil es que pierda hidratación.

Por eso, entender la porosidad no solo sirve para elegir productos. También sirve para leer cómo está tu melena ahora mismo.

Porosidad alta: cuando el cabello está más dañado

Un cabello con porosidad alta suele absorber muy rápido el agua y los productos, pero también los pierde con facilidad. Es habitual en melenas con mechas, decoloraciones, tintes frecuentes, permanentes, canas finas o procesos químicos que han ido abriendo más la cutícula.

Suele ser ese pelo que se siente más áspero, que se encrespa antes, que pide tratamiento con frecuencia y que mejora mucho cuando se trabaja bien la reparación.

En estos casos, lo que mejor suele funcionar es una rutina que combine proteínas, aminoácidos, hidratación con buena retención y algo de nutrición que ayude a sellar. El objetivo no es solo suavizar el cabello, sino reforzar una fibra que está más debilitada.

Porosidad media: el punto más habitual

Esta es probablemente la situación más común. El cabello no está muy castigado, pero tampoco está intacto. Ha ido acumulando pequeños daños del día a día: sol, calor moderado, cepillado en seco, falta de constancia con mascarilla o una rutina poco ajustada.

Es el típico pelo que no está “mal”, pero tampoco termina de responder del todo bien. En estos casos suele funcionar una rutina equilibrada: buena hidratación, proteínas con medida y aceites ligeros que ayuden sin saturar.

La buena noticia es que este tipo de cabello suele mejorar bastante cuando encuentra una rutina coherente.

Porosidad baja: cuando el cabello está más sano

La porosidad baja suele verse en cabellos poco dañados, con la cutícula bastante cerrada. Es frecuente en niños y en melenas que apenas han pasado por procesos químicos o agresiones importantes.

Aquí el cabello no suele necesitar tanta reparación, sino más bien una rutina ligera y bien elegida. Hidratación regular, pocos aceites y proteínas de forma ocasional suelen ser suficientes. De hecho, cuando se usan fórmulas demasiado pesadas, este tipo de cabello se satura antes y pierde movimiento con facilidad.

En la porosidad baja, muchas veces menos es más.

El grosor no es la cantidad de pelo que tienes

Este es otro punto que genera muchísima confusión. El grosor no habla de si tienes mucho o poco cabello. Habla del diámetro de cada fibra capilar.

Y entenderlo es clave porque determina cuánta carga puede soportar tu pelo.

Una forma muy sencilla de orientarte en casa es comparar varios cabellos limpios con un hilo de coser. Si el cabello es más fino que el hilo, hablamos de grosor fino. Si se parece bastante, sería grosor medio. Y si es más grueso, estaríamos ante un cabello de grosor grueso.

Qué cambia según el grosor de tu cabello

El grosor fino suele agradecer fórmulas ligeras. Cuando te pasas de aceites, mantecas o productos muy densos, se apelmaza antes y pierde forma con facilidad.

El grosor medio suele ser el más versátil. Normalmente tolera bien bastantes tipos de productos, siempre que la porosidad esté bien entendida.

El grosor grueso, en cambio, suele aceptar mejor fórmulas más nutritivas y ricas, porque la fibra puede soportarlas mejor y a menudo también las necesita para mantenerse flexible y bonita.

La combinación que realmente importa

La clave no está en mirar solo una cosa. Está en cruzar ambas.

Un cabello fino con porosidad alta no necesitará lo mismo que uno grueso con porosidad baja. El primero pedirá reparación, pero con fórmulas ligeras. El segundo probablemente agradecerá hidratación y algo de nutrición, pero sin abusar de proteínas. Y un cabello medio con porosidad media suele responder muy bien a una rutina bastante equilibrada.

Ahí está la diferencia entre comprar por recomendación general o elegir con criterio.

Por qué esto cambia la forma de moverte por tu rutina

Cuando entiendes tu porosidad y tu grosor, dejas de buscar “el producto perfecto para todo el mundo” y empiezas a buscar lo que encaja contigo. Y eso cambia muchísimo la forma de comprar, de combinar productos y de entender por qué tu pelo reacciona como reacciona.

También hace más fácil moverte dentro de nuestro ecosistema. Si todavía no tienes claro en qué punto está tu cabello, la guía de porosidad puede ayudarte a identificarlo mejor. Y si ya quieres ir un paso más allá, los packs de porosidad están pensados precisamente para facilitar ese primer acierto.

Además, si tu cabello es más bien ondulado o buscas una rutina más ligera, la sección de onduladas puede ayudarte mucho a filtrar mejor. Y si sigues con dudas, siempre puedes apoyarte en la página de recomendación de productos para afinar más.

La idea importante

No existe un producto perfecto para todo el mundo. Existe el producto que encaja con las necesidades reales de tu cabello.

Por eso, entender la porosidad y el grosor no es un detalle técnico. Es la base para dejar de ir a prueba y error, cuidar mejor tu melena y acertar más con tu rutina desde el principio.

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